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A mi entrañable amigo José María Solano Mañogil a título póstumo como un recordatorio.
Fueron en aquellos años de 1927 en adelante cuando convivimos, después de nuestros estudios preliminares en el colegio, una segunda etapa de educación dentro de un marco incomparable de compañerismo y cariño como fue en la recién creada Unión Musical Torrevejense. Nos dejaron todos sus componentes, empezando por el bueno de su Director D. Jesús Vergel, un gran recuerdo de amistad y camaradería que solo se borraría con el final de nuestra existencia.
Tú lo has vivido amigo José María hasta que te quedó el último aliento de vida, lo has dado todo recordando aquellas reuniones de lunes, miércoles y viernes, habituales noches de ensayo al pie de una vaga luz en la esquinica de la academia mientras descansábamos; José María Atienza, Celdrán, Paco Moreno, Crispiano, José María Ruiz, Ramón, Viuda, Pujol, el chiguito de la trompa, el chiguito del trombón y todos a la vez donde éramos uno para todos y todos para uno.
Aquellas imborrables procesiones de Semana Santa en Cartagena cuando una semana antes de sus celebraciones todos los que teníamos instrumento de metal nos íbamos a la academia por las tardes encabezados por Antonio González que tocaba el bajo a gastar botes de sidol y trapo hasta que verdaderamente brillaban como si fuesen de oro.
Estos desplazamientos los hacíamos en dos pequeños autobuses que tenía la Empresa Samper, conduciendo uno el dueño y otro el paciente "cabolo", un chofer que estaba tiempo en esta casa y persona de toda confianza. Después de dos horas de viaje , al llegar descargábamos las cajas de los pitos, nos tomábamos un poco de asueto para ver los barcos de guerra en el puerto y a la puesta de sol nos reuníamos en una de aquellas tascas para dar cuenta de nuestras viandas entre chistes y bromas marchando después a colocarnos la túnica y a tocar. Así pasaba con las actuaciones de las fallas de Alicante, en el anís Candela o amenizando las fiestas del Pilar de la Horadada y Torremendo que a la hora de comer nos repartían por las fincas del campo.
Todas nuestras actuaciones nos ofrecían mucho trabajo y las admitíamos de sumo grado, se trataba de la Unión Musical Torrevejense, compuesta por un puñado de amigos donde siempre reinó la camaradería, el buen humor
y una gran amistad.
Recuerdo muy bien José María, cuando nuestras madres en la temporada de verano se esmeraban en planchar nuestro pantalón blanco y la funda de la gorra para después en desfile, calle Concepción abajo desde la puerta del Ayuntamiento, tomar posesión de nuestro precioso templete de balaustradas torneadas y todo blanco él situado en el centro del paseo Vista Alegre, desde donde ofrecíamos todas las actuaciones de la temporada veraniega destacando por encima de lo demás aquellos bailes compuestos por pasodobles, tangos, valses y otros muchos con los que nuestra pareja de amigos Tomás Boj y Conchi Freixa tanto nos deleitaron a nosotros y a la colonia veraniega.
José María, tengo que terminar sintiéndolo mucho, no tengo espacio para más, mi cabeza está llena de recuerdos cual de ellos más gratos, fue una larga convivencia dentro de un afinado marco de tonos y cariño que no tendría fin.
Se acerca muy pronto la celebración de la festividad de nuestra Patrona Santa Cecilia, en el seno de nuestra sede tenemos su altar desde donde nos encomendamos a ella para que junto a nosotros vele por la subsistencia y prosperidad de nuestra Unión Musical Torrevejense; hasta hoy parece que lo tenemos conseguido en beneficio de nuestros seguidores, deseándoles sean tan felices ahora como anteriormente lo fuimos nosotros.
Como es habitual, en este día os visitará en vuestra propia sede nuestra Unión Musical Torrevejense y a vosotros que sois merecedores de los mayores elogios os ofrecerán unas notas de agradecimiento y amistad sincera. En vuestro domicilio diario como es el campo santo y en el pino que ocupa la entrada del mismo, estará expuesta la lira de flores que os ofrece Santa Cecilia y nuestra Entidad, vuestros familiares os recordarán con un hasta siempre como muestras del mucho cariño que os tienen, depositando en ella su acto de presencia como cada año.
El músico está simbolizado por cinco líneas, cuatro espacios y siete notas formando con todo ello un pentagrama al que nos debemos todos los que nos hemos cubierto con él, sin ideologías que no sean otras que la amistad y el compañerismo para siempre bajo el manto de Santa Cecilia.
José María, me daré una vuelta por ahí cuando tenga tiempo, organizaremos un gran concierto con todos vosotros que sois muchos, lo haremos bajo la batuta de nuestro querido maestro Vergel y a tí te exigiremos como final del mismo y como siempre, que nos interpretes para disfrutar de tí, la lenguogutural polca MARI-CELI y que tan magistralmente nos ofreciste tantas veces.
José Lorenzo Aniorte
Ex-presidente de la UMT
Escudo de Oro UMT 2001
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