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Fútbol:Utiel, 5; Torrevieja, 1
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Torrevieja
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Martes, 26 de febrero de 2008
(
Hoy hace 192 días) 17:00
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DUCHA FRÍA
Por Antonio Sala
UTIEL, 5; TORREVIEJA, 1
Utiel: Diego, Cervera, Marcos, Campos, Aspurz, Careto, Luis, Willy, Alberto Pomer (Marcos Agramunt 73') Dani (Saleri 64') y Richi (Juárez 61').
Torrevieja: Julen, Rubén Verdú, Peyo, Arrazola, Juanjo (Anchón 58'), Fernando Gálvez, Jairo, Ángel Iván, De los Ríos (Matías 64'), Manolo (Salu 45') y Córcoles.
Árbitro: Gil Coscollá, de Valencia, auxiliado por Ballester Vilar y Cuevas Minguillón. Amonestó al local Willy y expulsó (roja directa, 89') al visitante Rubén Verdú.
Goles: 1-0, 4': Dani cabecea un centro de Alberto Pomer. 2-0, 6': Alberto Pomer aprovecha un buen pase de Luis. 3-0, 31': Alberto Pomer cabecea un centro de Willy. 4-0, 38': Alberto Pomer remata en el segundo palo un pase de Richi. 4-1, 53': Ángel Iván, de golpe franco directo, por el primer palo. 5-1, 89': Saleri, de penalti.
Comparando los estados de ánimo en los dos últimos viajes de vuelta, los matices son muy diferentes: si en Alcira la frustración por no lograr recompensa se vio endulzada por la excelente sensación ofrecida, de Utiel nos volvimos con la inquietud por haberse confirmado los pronósticos más pesimistas y, en especial, por la posibilidad de que los sucesivos contrincantes hayan tomado nota en detrimento nuestro. Con el equipo tan cogido con alfileres, con tan escasa capacidad de respuesta, encajar un gol acarrea una cuesta arriba de enorme porcentaje, casi prohibitivo para las fuerzas que van quedando. Y no digamos encajar dos... Encajar dos significa un grueso muro de varios metros de altura coronado por alambres puntiagudos. Cuando casi todo el plan se basa en mantener durante muchos minutos -cuantos más, mejor- el empate inicial, y se viene abajo tan pronto y tan estrepitosamente, el resto del partido no puede derivar sino en un temporal en el que se busca refugio. Habrá que recordar, por si a alguien se le ha olvidado, que estos hombres están afrontando un reto tan ingrato como desesperante, tan desalentador como hermoso a la vez, por el noble fin propuesto. En estas condiciones, muy pocos se habrían comprometido a vestirse de corto.
Así pues, y como resulta obvio, el pecado original radicó en los dos goles de marras. Demasiadas facilidades para un Utiel hambriento. De un encuentro resuelto en el séptimo minuto, cualquier análisis deviene superfluo. Al Torrevieja se le resquebrajó el pilar de la esperanza, la línea que mayor rendimiento le había deparado. No quitamos mérito en absoluto a la delantera local, comandada por un Alberto Pomer en vena -con el triplete que nos endosó, la cuenta del pichichi del grupo asciende a dieciocho- y con auténtico instinto depredador. La cómoda creación de los rojinegros, las rápidas aperturas a las bandas -Luis se escapaba por todas partes- y la inmediata consumación de los ataques nos martillearon en la mente la pregunta de por qué habíamos madrugado un domingo y recorrido tantos kilómetros, amén de soportar el frío y la lluvia (aunque ésta, en honor a la verdad, anulada por la grada cubierta). La respuesta estaba clara: porque nos gusta el fútbol, porque somos del Torrevieja y, sobre todo, porque es lo menos que se merecen estos admirables jugadores.
Mientras el público abroncaba a Ballester Vilar por discrepancias con ciertos alzamientos de banderín -incluida la anulación de otro tanto al voraz Pomer-, los salineros los recibían como pequeños y aislados remansos dentro de un implacable torbellino. Como apenas se daba abasto para soportar las acometidas, no aparecía el momento oportuno de intentar algo más. Al contrario, las posesiones se esfumaban sin provecho; ni siquiera servían para recolocar la defensa, de modo que los de Navarro campaban a sus anchas. Sólo cuando el Utiel se consideró saciado y levantó el pie, y ya con la tranquilidad de lo irremediable, los blanquiazules se asentaron en la media y trataron de acortar distancias. Luego del certero lanzamiento de Ángel Iván, y también -digámoslo todo- de algún considerable apuro en la retaguardia, Córcoles estuvo a punto de dar un ápice de emoción con una segunda diana. Pero no creemos que los locales se hubieran puesto muy nerviosos. En cuanto apretaran de nuevo, cosa que hicieron para evitar sorpresas, tendrían el asunto rerrematado, valga el palabro. Y aún nos llevaríamos un disgusto de última hora: la expulsión de Rubén Verdú -como está el patio-, autor de un penalti nítido pero en absoluto merecedor de la tarjeta roja, pues desvió con el brazo a mucha distancia de la portería y con Julen en su sitio.
La afición utielana celebró el holgado triunfo de su equipo, pero sin improcedentes estridencias: comprendía la situación del visitante, a cuyos seguidores acogió y despidió con el cariño habitual. Ni un vocablo arrogante, ni un desaire inoportuno, ni un gesto despectivo. Y es que la historia del hermanamiento balompédico entre Utiel y Torrevieja, entre Torrevieja y Utiel, daría para mucho más de un párrafo. Si un sentido debe tener el deporte, sin duda que es éste. La ovación conjunta, correspondida por los protagonistas sobre el embarrado césped, volvió a pintar una emotiva estampa. Entonces se repitieron los deseos recíprocos de suerte en las respectivas metas. Unas metas, caprichosas ellas, intercambiadas desde la penúltima vez que nos saludamos.
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